Pellejito de Breva

 

Uno nunca regresa entero si vuelve de Afganistán, soy  un soldado pacificando a balazos.

¡Quién pudiera olvidar esa mierda!, ¡Olvidar esas caras en el retrovisor, persiguiendo mi camión lleno de arroz! He vuelto, mi cacería de la paz me ha dejado marcado.

Construyo mi casa buscando materiales para hacerla blindada. No quiero ser el cerdito que construyó  con paja.

En los  baños de Ikea  existe una pieza suelta para construir la felicidad. Ninguna tuerca con nombre sueco tendría la clave para encontrarla.

No busco esa felicidad de revistas y catálogos. Voy tras una felicidad fugaz estrella, brillante ante cualquier oscuridad sellada. Si en tu espejo ves líneas marcando solo sombras es porque tu felicidad es anémica, tiene uñas maltratadas con esperas  huecas, dientes  rumiando una tristeza errada. No tienes felicidad, tienes otro espejismo. Cambia de canal.

Le ví entrar, perseguir su silueta turbia en esa estrechez hizo disparar esta pulsión rotunda. Igual cuando preguntábamos a los caminantes de las carreteras de Oriente, le asalté sin piedad.

Callar es sembrar misterios hondos, su boca  encendió el color dentro de la cueva de mis apetitos, su saliva parecía contener un antídoto contra el miedo.

Su ombligo tembloroso elevó el mundo hasta el punto que se abrieron las puertas  del deseo para cerrarse las puertas del absoluto. Caí y sus labios solo atinaban a buscarme, adivinando los mil nombres nunca míos.

Es lluvia en Abril y los relojes me llevaron a buscar un manual para quitarme esta aspereza diaria, este vivir esperando, este esperar sin vivir. Toda lluvia está habitada por demonios sueltos. Entrar a ese baño dejó a la vida afuera, sorda  en esa libertad instantánea. Buscándose a si misma, dejándome descansar por fin.

Un señor a su edad en un baño es un acertijo. Un remolino de fondo nos abisma, nos empuja y cuando  su calor me hizo desconocer este frío antiguo, ya era tarde. Los extraños siempre dan  esas cosas que los conocidos escatiman. Mis gritos  hablaron de Dios cuando su piel  entró en mi infierno…

Para descargar mi culpa ayudo al pueblo Saharaui, estoy inscrito en dos asociaciones de defensa de los animales. Las focas  retumban mi pecho cuando las matan a palazos en cualquier ártico feroz, reciclo los papeles y las baterías las llevo a su contenedor.

Busco ser un hombre correcto pero hay síntomas delatando lo contrario. Me acostumbro a dejar de presentir a alguien, aguardando tras la lejanía con un beso ciego y ninguna promesa.

Mi padre juega a despistarse, mi novia asegura tener un santo a su lado.

Mi madre siempre supo que lo mío es  una bomba unipersonal  debajo de la almohada.

Mis hermanos se sienten orgullosos de mi papel de soldado pavoneándose en sus “botellonas”, haciendo planes para seguir mi ruta y lo fácil que resulta comprarse una casa cuando vas a la guerra. Ninguna guerra se camufla con el pretexto de la paz.

Me gustan los señores parecidos a “Tito” José María. Los que hablan de cocina y un mono-volumen para escapar a los hoteles.

Me ponen las tías preparando oposiciones y más las  sudamericanas sudando como fieras cuando mi instinto las acorrala en cualquier puticlub lejano al mar:

 “Suda-americana, reina madre de mi fiebre desbocada, perrea, perrea…”

Busco sitios donde la comida se cocina a base de frío, así me parece haber cocido mi espíritu todos estos siglos. Haber domesticado ciertos instintos.

En Ikea busco modelos sofisticados, paradójicamente  iguales. Me gusta ser original,  al final, resulto un conservador de la costumbre extraña de jugar a la diferencia. Ocurre con todos los supuestamente distintos. Acabamos siendo horteras  comprando en Ikea o catetos por declarar que nada nos gusta de Ikea. Armar es difícil en este lugar donde desarmar es una consigna.

“Pellejito de breva” no me digas tu nombre, solo bebe, solo ama, solo folla. En el estacionamiento tu humedad me delataría sino hubiera usado tanto papel  para limpiarme de ti.

VIP, soy Bi, soy Bip- Bip, el correcaminos con su presa atenta, nada tonta. En tus manos una cera derretida  va convirtiéndose en estatua, capturada en la pasión de un baño mientras el cielo se desploma. Vivo buscando las llaves para ciertos tornillos excéntricos, descolocados. Viejito con la piel de niño, “pellejito de breva”, mátame más…

Se despide “Pellejo de coco”, mudo, loco, militante despiadado. Cambio y corto…

 

Richard Villalón

15 de abril de 2008

www.richardvillalon.com

correo@richardvillalon.com

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