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Follamigos

octubre 16, 2014

Follamigos

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¡Vaya Ganga! Alguien para pasarlo bien, sin enamorarse, pidiendo solo el siguiente encuentro. Pagando a medias los cines, las cenas, los condones, ningún atisbo del típico listillo, ¡Qué maravilla!

Con esas ventajas, por supuesto busqué variados tipos de  follamigos. El calladito rubio, el parlanchín hablando hasta debajo del agua, el alternativo guapo con su insoportable olor a axilas, el ejecutivo  a quien en la intimidad le llamaba “Míster Spray”, era exagerada su eyaculación precoz. El cuarentón cultísimo comparándome con una belleza de Miguel Ángel. El maromo jadeando “más…joder… más”, follador fatal, una cansina canción del TOP Botellón. El arrepentido pertinaz, hablando de su mujer, errando en los sinuosos caminos de la penetración, contando sus triquiñuelas para evitar el pago puntual a Hacienda .Ahorrando esperma para evitar ser descubierto. El militar  gracioso amante de los Balcanes, porque en un año pagó la hipoteca de su casa, para luego comprarse un pitbull, entrenarlo y pelear…El feísimo maestro de Bellas Artes superando expectativas al momento del orgasmo, feo con cojones, feo, feo, feísimo…

La ideología follamiga recalca lo gratificante de ser hispter,  práctico y poco sensible. Descubrirnos libres, desprejuiciados, usando una felicidad cuyo futuro sin promesas caduca a las 24 horas.

Conociendo  follamigos pude inventarme nombres distintos, situaciones distintas, edades distintas, la máquina  parecía funcionar casi bien. Oculté pasado, padres impresentables, familia vulgarmente común, mis manías megalómanas.

Hasta que comenzaron mis problemas personales, ¿Para qué negarlo? Soy un ser complicado. Cuando me quieren, no quiero y cuando quiero, no me quieren. Sumado a mi terrible complejo  austro-húngaro de la Gata Flora: “Cuando se la meten llora y cuando no se la meten, también llora”

Mi fantasía elucubraba los pies de un follamigo perteneciendo a las nalgas espectaculares del otro, su saco escrotal (huevos, para ser más claros) colgando pendularmente entre las piernas de un tercero. Se hizo rutinario saber que los jueves hablaría de cine con un quiromasajista que decía ser sevillano y portador de un traidor acento bonaerense .Los sábados vía “wassap” me calentaría inútilmente, con aquel otro desquiciado de ojos grises…  Con su monólogo delirante, hablando de la libertad sexual como una invención de él mismo. Fue casi imposible vernos, por sus estrictos horarios laborales, sus apoyos masivos a causas mediáticas, conciertos de cantautores aburridos y porque cuando estaba solo, quería estar mas solo ¡Vaya rollo!…

Los follamigos resultaron bastante “hartibles”, extravagantes inútiles, complicados. Su conversación parecía  un discurso del comité Central Comunista o una reunión de la Conferencia Episcopal.  Su definición consistía  en ser de nadie, saltarse todas las normas, menos las suyas. Una libertad condicionada con poco y nada de libertad. Prohibido enamorarse, prohibido sentir ternura, prohibido hablarles a terceros de esa relación secreta, prohibido mirar atentamente a los labios, prohibido decir te quiero durante el coito o ¡Como Carajos se llamara esa sopa de ruidos raros, sudores sucios y besos demoledores!

Cabe aclarar: Nada de planes emocionales. Solo horarios, pasajes low cost,  viajes a lugares desconocidos para los dos y para las amistades, previniendo sorpresas.

Conocí desfiladeros peligrosos en rutas accidentadas, puertos y refugios ignotos de alta montaña, playas escarpadísimas para deslizarse en tirolina por sus acantilados y tomar el sol, ya hechos polvo. Restaurantes con camareros escapados del reparto de la matanza de Texas. Rutas suicidas por países africanos en pie de guerra y mucha agua mineral…Mucha, para tener la boca callada, en el momento que una desesperante y extraña rebelión interna parecía desatarse dentro mi cuerpo y mandar a mi follamigo de turno, a su respectiva ¡Puta Madre!

Cuando el cansancio se hizo rutina devastadora, venció.

El sicólogo colectivo, en consulta externa cada ocho meses de la Seguridad Social, recetó pastillas relajantes e hipnóticas, así alcancé seguridad.

La mejor medida para ser libre, era hacer de mi capa un sayo. Sometí mi entendimiento y logré destreza, ensayando…

Los bisturís  los conseguí robándoselos a un verborreico doctor forense, bonitos labios, terrible picha corta. Las sogas me las regaló un espeleólogo, quien gustaba rezar  a gritos el padrenuestro de cada día, mientras le hacia un fist fucking  en regla, con guantes de goma y lubricante extra gel .Los estrangulamientos  potentes fueron resultado del entrenamiento físico involuntario.

Comencé esta aventura del asesinato masivo, cuando la “follamiguez” dejo de ser divertida, cuando reconocí mi necesidad de amar. Con este método, libero a los follamigos de su soledad disfrazada. Tengo el gusto de ser lo único real y útil de su vida, conmigo siempre hay un antes y ningún después. Nos liberamos  con la misma razón fisiológica de respirar por respirar, comer por comer… follar por follar

Mi meta es ser igual al Doctor Frankenstein: Elaborar el follamigo perfecto. Los restos de cada cuerpo están diseminados por las costas, las sierras, los parajes  recónditos de la península Ibérica. Me he perfeccionado como guía en esas discretas y secretas excursiones .Ahora mi sello particular, apenas conozco a un nuevo follamigo, es prometerle riendo que le voy a hacer algo que nunca le han hecho… ¡Matarlo!

Nadie  se ríe, temen reaccionar normalmente, humillar su poderoso ego, demostrar fragilidad.

 

Richard Villalón

Sevilla jueves, 25 de septiembre de 2014

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